Estudio de caso: Barrio La Macarena

  • ¿ES REALMENTE EL BARRIO LA MACARENA UN ESPACIO BOHEMIO EN BOGOTÁ?
     
    MARÍA CAROLINA RUEDA SALAS.
    CÓDIGO: 200922265
     
     
     
    INTRODUCCIÓN
     
    Desde hace varios años el barrio La Macarena de la ciudad de Bogotá, ha adquirido una definición relacionada con ser la zona bohemia de la capital, debido a los diferentes espacios que la configuran de manera única, como los restaurantes, librerías, galerías y bares, donde el ocio hace presencia unido al arte que se siente con tan solo rodear aquellos lugares. Siendo así el trabajo se encargará de dilucidar la manera en que el barrio fue tomando algunos rasgos de las ciudades en donde llegó este concepto a su máxima expresión, como París (en donde inició) y Nueva York, hasta adoptarlo y adquirir la identidad de barrio bohemio en Bogotá.
     
    Esto se llevará a cabo a partir de una investigación que pretende identificar los aspectos que conforman el concepto de Bohemia, tomando como referente a las dos ciudades recién nombradas, donde este estilo de vida se consolidó en un lugar especifico de ellas por medio de sus artistas, escritores y actores cuyas costumbres estaban fuera de lo convencional.
     
    Desde ese punto se podrá entonces identificar las estrategias necesarias para obtener las conclusiones del tema, las cuales se centrarán en un estudio de caso dentro de este barrio. Así, se determinarán los lugares principales que lo configuran en relación a este concepto, siendo fácil de identificar por medio de las fuentes bibliográficas que dan cuenta de lo que es la vida bohemia, tema que será desarrollado en el primer capítulo del trabajo. A lo largo del estudio se abordarán preguntas como: ¿Es realmente el Barrio La Macarena un espacio bohemio o es únicamente una apariencia adoptada con fines de reconocimiento dentro de la ciudad y aprovechamiento de parte de los establecimientos?; la respuesta a esta duda se podrá obtener estudiando no únicamente los componentes físicos y espaciales del sector sino también las personas y dinámicas que lo configura.
     
    CAPÍTULO I. INICIO Y DESARROLLO DE LA VIDA BOHEMIA.
     
    “El hombre que se abre paso en las artes, sin más medios de existencia que el arte en sí, debe pasar por las sendas de la bohemia” (Murger, 2001 ).
     
    A partir del siglo XIX, en París, existía ya esta percepción sobre un estilo de vida al que pertenecía una pequeña parte de la sociedad, conformada por artistas que componían su propio mundo, con vivencias peculiares que tendían al ocio e intercambio de ideas y obras. Todo esto giraba alrededor de los límites financieros que congregaban aquellos individuos en un solo grupo, donde el común determinante que más los conectaba era el posible enfrentamiento a la vida burguesa de la época.
     
    De esta manera, aquellos personajes denominados bohemios, son reconocidos dentro de la sociedad como individuos cuyas tendencia e ideologías están por fuera de lo convencional y cuyo aspecto simula un hombre desaseado, perteneciente a la clase baja, un gitano. Aún así, con la llegada de la modernidad, el arte de cada país comienza a ser difundido por todo el mundo, generando de esa manera su mayor auge en el que aumentó el deseo por ser artista y la cantidad de  espectadores o coleccionistas quienes querían participar de aquel círculo. Siendo así entonces, la bohemia a pesar de ser vista por el escritor francés Henri Murger (2001) como únicamente viable en París, fue adaptada por otros países quienes querían crear su propia versión, siendo Nueva York el punto principal del continente americano donde se desarrolló; la diferencia se basaba ahora en que a pesar de seguir conformando una vida exclusiva para determinadas personas (en el caso de Nueva York aglomeradas en Soho), dejaron de ser excluidas por la sociedad, cambiando un poco su visión hacia ellos: “son seductores a su manera, ya que ocupan los mejores sentimientos, y tienen una aversión distinta a cualquier cosa que sea baja o media, o común o poco elegante” (Levin, 2009).
     
    Desde ese punto, alrededor del año 1920, lo que se podría nombrar como gremio de bohemios al que pertenecían los artistas plásticos (cuyos ingresos iban dirigidos a sus materiales por lo que no eran suficientes para llevar una vida con lujos), se extendió abarcando escritores, actores y periodistas, quienes tomaron mayor importancia mediante sus trabajos en medios comunicativos como Vanity Fair, Harper’s, The New York Leader y The Saturday Press (Levin, 2009). Es entonces aquel el momento en el que surgen cuestiones acerca de en qué medida siguen perteneciendo aquellos individuos a un bajo perfil social, puesto que comienzan a aparecer una porción de bohemios quienes llevan una vida cercana a la aristocracia, con gustos extravagantes y refinados, y cuyo empleo sin sueldo fijo se debió a una simple negación por el trabajo y un aseguramiento por su linaje. Se podría responder a esta pregunta teniendo como base a la autora Elizabeth Wilson (2001), quien menciona un punto muy importante: “el bohemio es ante todo una idea, la personificación de un mito”; con esto quería decir que la imagen que existe en ese entonces acerca de aquel estilo de vida consiste en ser un medio que con el arte como herramienta desafía los avances de la modernidad, la industrialización y el consumismo. Se ve como una solución imaginaria al conflicto entre la cultura que se ha perdido debido a la prevalencia de la industria y nace un afecto hacia los artistas considerándolos genios con criterio que son capaces de expresarse y desarrollar una crítica.
     
    Es desde aquel momento, a mediados del siglo XX, que el concepto bohemia  deja de ser una especie de minoría a la que sólo podían participar determinadas personas, pues  se fueron perdiendo los ideales y las bases que lo conformaban como un grupo disímil al resto de la sociedad cuyo contraste era determinante dentro de ella. Todo se debió a que aumentó el deseo de las personas por seguir sus costumbres, convirtiéndose en una moda dentro de la cual lo importante era la apariencia que daba cuenta de la genialidad que veían en los artistas, y la distinción de un individuo cuyos alcances son mayores debido a su libertinaje.
     
    Pronto la bohemia comenzó a expresarse en Bogotá a finales del siglo XIX, a través de encuentros sociales entre intelectuales dentro de unos espacios en donde tomaban chicha (bebida alcohólica, resultado de la destilación del maíz y otros cereales), dejando tras de sí la importancia de la vida interior en los hogares. (Monje, 2011)
     
    Al inicio del siglo XX, alrededor de los años 20, las chicherías fueron reemplazadas por las cafeterías como el famoso Café Windsor, La botella de oro, La gran vía y El Asturias, en donde músicos, poetas y periodistas como Eliseo Arango, Jorge Zalamea, Leon de Greiff, Luis Vidales, entre muchos otros, se reunían después del trabajo a recitar y discutir algunos de sus escritos, los cuales recurrían a críticas políticas derivadas de las noticias diarias comunicadas por los periódicos (König). Siendo así, aquellos espacios se concentraron a lo largo de la carrera séptima, próximos a los edificios de El tiempo y El Espectador, recibiendo de manera inmediata las noticias que darían origen a unas largas tertulias, y a la creación de grupos sociales que se encontraban cotidianamente en el mismo lugar.
     
                           “Recuerdo sí esa tumultuosa esquina de El tiempo con el café Molino en donde se comían unos deliciosos pastelillos de pavo mientras uno podía recrearse leyendo cuartetos de Cervantes en las paredes (…). Al frente el café Gato Negro, desde donde se podían leer las noticias de El Espectador que con tiza nos comunicaba los últimos acontecimientos.” (Arbeláez, 1995, pág. 82)
     
    En estos espacios, según el autor Camilo Monje (2011), se reunían distintos usuarios, es decir, no existía una clase social determinada que tuviera el derecho o la capacidad de acceder a las cafeterías, sino que se presenciaba dentro de ellos una heterogeneidad de personas, que de manera rutinaria se protegían allí de sus “avatares cotidianos”. Además, desde este punto Bogotá se convirtió en el centro cultural de los intelectuales de Colombia, por lo que llegaban también a aquellos espacios, personas provenientes de otras regiones del país (König).
     
    Tras el Bogotazo, muchas de las cafeterías hasta el momento reconocidas desaparecieron, por lo que se crearon algunas otras que continuaron siendo prueba del inicio de una bohemia pura en Bogotá, determinada no sólo por el dinamismo explicado anteriormente, sino también por la participación de nuevos personajes como pintores, escultores e incluso mujeres; y por los atuendos de algunas personas que los frecuentaban, los cuales eran extravagantes y algo surrealistas:
     
    “Me llenaba de admiración esta actitud surrealista por el coraje que implicaba el enfrentarse con esos atuendos y esa facha a tanto paraguas, a tanto fieltro negro, a tantos impecables sombreros.” (Arbeláez, 1995, pág. 75).
     
    Como lo menciona el autor Ricardo Rodríguez Morales, este comienzo de la bohemia pretende darle expresión al espíritu de la época mediante el trago de un café o un licor con el que los partícipes de aquel estilo de vida intensificaban sus pensamientos y  pasiones.
     
    En este punto se abre paso al segundo capítulo, tras la cuestión de en qué momento se trasladó esta bohemia al barrio La Macarena, y si posiblemente continuó siendo un concepto que se demuestra en las interacciones sociales más allá de las apariencias, tal y como fue en las cafeterías de aquella época.
     
    CAPÍTULO II: DESARROLLO DE LA BOHEMIA EN EL BARRIO LA MACARENA
     
    El barrio La Macarena está delimitado al norte por la calle 31, con el  barrio la Perseverancia; al sur por la calle 26, con el barrio Bosque Izquierdo; al occidente por la carrera 5ta con los barrios San Diego y San Martín; y al Oriente por la Avenida Circunvalar. Como se ha dicho desde un principio, este se ha identificado a lo largo de los años como el espacio bohemio de Bogotá, el cual ha adquirido reconocimiento a partir de la interacción de diversos artistas colombianos.
     
    Antes de intentar explicar aquellas interacciones, la manera en que han cambiado hasta el día de hoy, y los espacios donde se han desarrollado, es indispensable comenzar la investigación a una escala mayor, entendiendo de esa manera la razón por la que se conformó este barrio como punto central para la integración de aquellos elementos bohemios. Siendo así, tras haber expuesto en el primer capítulo cómo comenzaron los encuentros sociales en Bogotá, es entonces de gran importancia entender la manera en que el entorno de La Macarena, y el contexto cultural han tenido una incidencia directa sobre el barrio.
     
    Alrededor de la década de los 30, comenzó a desarrollarse el arte moderno en Bogotá, gracias a artistas como Gómez Jaramillo, Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña, Débora Arango, Ramón Barba, José Domingo Rodríguez y Rómulo Rozo, quienes exponían en pequeñas galerías (Rubiano). Mientras tanto, la ciudad de Bogotá sufría diversos cambios debido a la necesidad de expandir su urbanización, y fue hacia el sector de La Macarena y el barrio San Martín que el arquitecto Karl Brunner se vio interesado por realizar diversas obras como la urbanización del Bosque Izquierdo, el cual trajo como resultado algunas construcciones conjuntas como lo fue la Biblioteca Nacional (Manrique & Perea, 2006). De esta manera  tras la construcción de la biblioteca en 1938, inicia la conformación de un entorno cultural para el barrio La Macarena, estando acompañada esta nueva obra por otros edificios de carácter cultural: La Plaza de Toros de Santamaría que fue construida en 1931 (Ortiz, 2005), y el panóptico, obra histórica que tras el año 1947 se convertiría en el Museo Nacional, debido precisamente al desarrollo y modernización cultural que estaba llevando a cabo Bogotá (Manrique & Perea, 2006).
     
    A partir de este punto, llegando ya a la década de los 50, el auge artístico aumentó con la llegada de nuevos artistas reconocidos hasta el día de hoy, como Édgar Negret, Enrique Grau, Alejandro Obregón, Guillermo Wiedemann, Eduardo Ramirez Villamizar y Fernando Botero (reconocidos como la Generación Trabista, en referencia a la crítica de arte Marta Traba) (Serrano, 2006), los cuales contaban ahora con espacios de mayor área, donde podrían llevar a cabo algunas de sus exposiciones, fomentando a su vez la participación del resto de los ciudadanos como espectadores que se verían interesados por el mundo artístico.  Siendo así, de la misma manera en que tres décadas antes los periodistas, poetas y demás escritores conformaban grupos de tertulia y discutían la situación del país en espacios cercanos a los edificios de El Tiempo y el Espectador para facilitar su trabajo, los artistas comenzaron a vivir cerca a los espacios en donde exponían, y vieron  de esta manera a La Macarena como elección, teniendo en cuenta que los otros barrios como Bosque Izquierdo y la Perseverancia no eran las mejores opciones, uno por involucrar a la clase alta de la época y ser entonces costoso para su estilo de vida, y el otro por tratarse de un barrio obrero ya bastante conformado  por sus habitantes. Esto ocurre alrededor de los años 60, momento en el que existe un gran avance en la conformación del barrio, siendo en un inicio nombrado como barrio La Independencia, el cual nace tras la necesidad de vender a finales del siglo XIX la Quinta del Alto San Diego, perteneciente a la familia Vega, con el objetivo de suplir las necesidad de aumentar la cantidad de residencias en la capital, aprovechando su buena ubicación al lado del barrio recién inaugurado, Bosque Izquierdo (Alcaldía local de Santa Fé, 2006).
     
    Desde ese punto, se podría decir que el Barrio la Macarena comienza a ser caracterizado por las dinámicas que generaba la vivencia de los artistas, como Luciano Jaramillo y Gustavo Zalamea (Celis Alban, 1998) más que por escritores o periodistas pues estos se han ubicado desde un principio hacia el lado de la candelaria, siendo éste el centro político de la ciudad, mientras los artistas se concentran en el epicentro cultural. Es así como entonces el concepto inicial de bohemia, explicado en el anterior capítulo, se fue disgregando y recomponiendo por el contexto de Bogotá (separándose los integrantes bohemios), para así dejar de ser un modelo internacional anómalo y adaptarse a la sociedad y su cultura.
     
    “¡Así que mi poema es nefasto, y la fama inmortal no es para mí! Voy a ser un don nadie por siempre jamás.” (Melville)
     
    Es probable que esta cita, la cual da cuenta de lo que era la vida bohemia durante sus inicios en París y Nueva York, no sea posible aplicarla a la vida que llevaron aquellos artistas de la época, puesto que estos personajes sí pretendían lograr ser reconocidos y generar un impacto mediante sus obras (llevando aun así un estilo bohemio). A lo largo de esta década comenzaron a alcanzar rápidamente reconocimiento dentro de la sociedad, siendo no solamente favorecidos por los nuevos espacios aptos para sus exposiciones sino también por la llegada de la televisión a Colombia, en el año 1954, por medio del cual la crítica del arte Marta Traba dirigía cuatro programas en donde presentaba a los artistas (Escallón). Esta mujer tuvo otro papel importante, y fue su iniciativa por crear un nuevo espacio arquitectónico, dedicado esta vez exclusivamente al arte moderno, por lo que hacia el año 1963 existía un nuevo edificio de gran escala, el Museo de Arte Moderno. Su ubicación consolida de manera más fuerte el entorno cultural que define a La Macarena y es entonces mayor la fama adquirida de parte de este barrio como espacio bohemio, pero teniendo tras de sí el problema de que en él no ingresaba cualquier persona debido a la inseguridad y a ciertos lugares degradantes que lo conformaba a lo largo de la carrera cuarta.
     
    Posteriormente, en el año 1970 finalizó la construcción de las Residencias El Parque, ubicado hacia la carrera quinta (Salmona). Este se dio a partir del proceso de gentrificación en el que se vio involucrado este barrio, el cual consiste en el desplazamiento de algunos de sus habitantes con el fin de valorizar el suelo bajo la integración de personas con un perfil económico más alto, dentro de los cuales su mayoría eran intelectuales con altos ingresos. Este proyecto a pesar de tener repercusiones sobre las personas que fueron desplazadas, no generó tensiones sociales al ser adyacente a pocos barrios populares (Jaramillo, 2006), y por el contrario ayudó a mejorar el barrio, gracias a su composición formal y espacial del espacio colectivo, y a su intervención sobre el cierre de las discotecas y bares que se encontraban para ese entonces a lo largo de la carrera cuarta. Adicionalmente, debido a la gentificación anteriormente nombrada, muchos artistas se vieron atraídos por vivir en aquellas torres, bohemios que para ese entonces seguían el concepto más como una imagen que como un estilo de vida real, pues no sufrían por tener bajos ingresos, sino que hacían parte incluso de la clase alta. Tras una entrevista, se obtuvo respuesta acerca de por qué los artistas se han concentrado en este barrio, del pintor Carlos Salas quien vivió durante cinco años en las Torres del Parque y tenía una galería llamada Mundo, en ese mismo lugar. Este coincide con algunos puntos expuestos hasta el momento considerando que la razón se basa en su aire bohemio, su cercanía al cerro y a los espacios culturales más importantes de la ciudad, y sus restaurantes y lugares de tertulia.
     
                        “El prestigioso diario estadounidense The New York Times siempre suele publicar fotografías del barrio y de sus calles, cuando habla de los innegables avances urbanos de la ciudad y de la gran oferta que ofrece hoy a los turistas extranjeros.”  (Lancheros, 2010)
     
    De  esta manera las dinámicas cambiaron y la visión de bohemia en el barrio se convirtió en un elemento decorativo por el que optaron la serie de restaurantes que hacia la década de los 90, comenzaron a extenderse principalmente a lo largo de la carrera 4ta A, convirtiéndose en “los mejores puntos estratégicos para la vida empresarial y cultural de la ciudad” (Manrique & Perea, 2006). A estos lugares no iba únicamente un grupo específico de personas, como pasaba en la bohemia de París o Nueva York, sino que aquellos que se podrían consideran burgueses (según la definición obtenida de la investigación), como los ministros o los trabajadores del centro internacional comenzaron a frecuentar aquellos restaurantes. Esto sucede en la actualidad pero existe ahora a lo largo de la carrera quinta diversas galerías de arte que pueden llegar a rescatar un poco la bohemia.
     
    SITUACIÓN ACTUAL: CASO DE ESTUDIO.
     
                        “La identidad cultural es un patrimonio colectivo, conformado por las trazas o huellas de las acciones y las emociones, las manzanas y las tragedias, los encuentros y los desencuentros (…)”. (Colcultura, 1994, pág. 15)
     
    El barrio La Macarena es un espacio que ha adquirido a lo largo de los años una identidad y sentido de pertenencia de parte de sus habitantes, el cual se irradia a cualquier visitante que opte por conocerlo. Aparentemente su imagen refleja ser un barrio común de Bogotá, conformado en su mayoría por casas de tres pisos, calles empinadas y materialidades típicas como el ladrillo y el concreto, las cuales incluso han sido reemplazadas en la parte alta del barrio, por conjuntos cerrados de edificios altos (Alcaldía local de Santa Fé, 2006), que podrían encontrarse en cualquier otro barrio de Bogotá; aun así, aquel sujeto que decida recorrerlo, notará la manera en que este pedazo de ciudad sí es particular, pues tanto sus andenes como la relación con el interior de los espacios se vive distinto. Parte de sus diferentes dinámicas son resultado de una excepción arquitectónica que lo conforma: Las Torres del Parque, donde el arquitecto Rogelio Salmona, a partir de una composición formal única, de los recorridos, los materiales y los cerros cuya naturaleza se penetra en el proyecto, crea un espacio colectivo donde nace los deseos de permanecer. A lo largo de este proyecto y de las calles del resto de  la Macarena el transeúnte es envuelto por algunas puertas abiertas que lo invitan ya sea a tomar un café, leer un libro o contemplar un cuadro, respirando a lo largo de su recorrido una atmósfera distinta, complementada por la ambientación de los edificios, cuyas fachadas están adornadas por materas, móviles, terrazas cubiertas por flores y objetos sujetos a los andenes. Así mismo, continuamente se encontrará una variedad de personas, algunas trotando en la mañana, otros saliendo de sus casas y circulando a su trabajo,  y algunos turistas y numerosos sujetos sin prisa cuya vestimenta tiende hacia lo que se definiría como bohemio.
     
    Como se dijo anteriormente, La Macarena está entonces conformada por una variedad de elementos físicos que aluden a este estilo de vida, pero a la hora de la verdad, al tratar el tema de lo intangible, se puede evidenciar a partir de la configuración de los restaurantes, la manera en que existe una contradicción entre su decoración que da imagen de un estilo bohemio, y los usuarios a los que están destinados, los cuales deben tener la capacidad de cubrir unos costos que no son bajos como para un bohemio proveniente del siglo XIX cuyos ingresos no daban para lujos. A continuación se presenta un plano con la ubicación de los distintos restaurantes, galerías y cafeterías, los cuales se obtuvieron a través de una visita al lugar:
  • Plano de La Macarena. Ubicación de restaurantes, galerías y cafeterías. (Archivo personal).
  • La mayor parte de los restaurantes presentados en la imagen por su nivel de precios están dirigidos a una clientela de clase alta y media alta, a excepción de algunos restaurantes como La Monapizza, Arepa y Taco, La esquina y Donde Pili; Aún así, al pasar por su lado en las horas de almuerzo, se puede observar que muchos de  los usuarios que acceden son personas con traje, pero existen otros con un estilo descomplicado, tratándose de turistas o habitantes de La Macarena y sus alrededores. Viendo este contraste se puede llegar a la deducción de que, como lo dijo la autora Elizabeth Wilson (2001), la bohemia se fue convirtiendo dentro de la sociedad como una moda en la que las personas siguen una estética no convencional pero viven normalmente sin tener privaciones. Esto se puede fundamentar, teniendo en cuenta que quienes viven en Residencias El Parque, a pesar de ser algunos de ellos artistas, son personas pudientes cuyas actividades sociales pertenecen a lo que se denominaría clase alta y frecuentan estos espacios sin problema.
     
    Teniendo en cuenta que, como se dijo en el anterior capítulo, los espacios bohemios están conformados también por cafeterías donde las tertulias y la lectura del periódico acompañada de una taza de café o un trago, abrían paso a una socialización entre intelectuales y escritores, se pretendió también identificar su cantidad y ubicación dentro del barrio. Como se puede ver en la imagen, son escazas las cafeterías, pero más allá de eso, al ingresar en ellas es notable que las dinámicas son totalmente distintas a cómo eran en el siglo XIX y al inicio del XX. Las tertulias largas ya no son comunes y las personas hablan con su acompañante un rato relativamente corto, o simplemente se compra el producto requerido y se consume en el hogar.
     
    Adicional a esto, existe solo una librería, Lubina Libros, en la que las personas pueden tomar un libro mientras beben un café. Aquí entonces se evidencia el punto expuesto con anterioridad acerca de la división entre los bohemios escritores y los artistas plásticos, basándonos en la escasez de espacios que existen para la complementación de su trabajo y el desarrollo de sus actividades de ocio cotidianas.
     
    Tras haber conocido aquellos lugares que han definido una especie de bohemia en La Macarena, queda entonces por identificar los artistas, escritores y arquitectos que viven actualmente dentro del barrio, y los espacios que se dedican directamente a ese concepto, es decir las galerías. Se tiene conocimiento que actualmente vive el arquitecto Daniel Bermúdez en las Torres del parque, así como en un pasado vivió allí mismo el creador del proyecto, Rogelio Salmona, adicionalmente viven actores como Diego León Hoyos y  Jorge Cao; y escritores como Laura Restrepo y Guillermo Angulo (Portilla), quien narra acerca de cómo obtuvo su apartamento en las Torres del Parque en su artículo Colón en las Torres. A Partir de una conversación con la pintora Carolina Convers se pudo tener conocimiento de que adicional a ella, artistas como Umberto Giangrandi (pintor y grabador), Bárbara Kaplan (escultora), Erika Diettes (artista visual), Luis Luna (pintor) y Manolo Vellojín (pintor) residen allí, cercanos a las galerías Alonso Garcés Galería (fundada en el año 1977), N.C Arte (fundada en el año 2010), Valenzuela Klenner Galería (fundada en el año 1989), MÜ Galería (fundada en el año 2011) y por último la galería Dos Casas (fundada en el año 2011), la mayoría de ellas ubicadas hacia la carrera quinta. Aun así es curioso conocer que pocos de estos artistas aledaños a las galerías, han expuesto en ellas, por lo que no existe una relación directa entre su vivencia en el barrio y su interacción laboral con aquellos espacios, lo cual suponía en un principio ser la razón por la cual decidían residir allí. Se torna ahora la razón a un aspecto social, donde buscan tener encuentros y actividades de ocio alrededor y en el interior de estos espacios. Adicionalmente, en relación a la cuestión de si estas galerías rescatan la identidad prevista del barrio, vale la pena resaltar que gracias a ellas existen personas que viven bastante lejos y aun así recorren la ciudad para encontrarse con las exposiciones a las que fueron invitados, disfrutando a su vez el entorno y algunos otros lugares de permanencia en La Macarena, siguiendo la misma línea con la que iniciaron su trayecto, la bohemia.
     
    CAPÍTULO III: CONCLUSIONES
     
    Las fuentes bibliográficas tratadas proporcionaron una valiosa información acerca de numerosos hechos contextuales del barrio La Macarena, los cuales en su mayoría trataban los diferentes temas a partir de una posición objetiva, llevada a cabo por medio de fechas y demás datos exactos. Estas, junto con aquellas que introducían a una percepción específica del autor acerca de la vida bohemia en otras partes del mundo, hicieron  posible la realización de la investigación, por medio de su conexión y la aplicación a este punto específico de la ciudad, junto con el análisis de cómo aquellos hechos que se podrían considerar sueltos, fueron generando un todo en la dinámica del barrio como espacio bohemio en Bogotá.
     
    Para ello fue importante estudiar el barrio a partir  de dos aspectos: el tangible y el intangible, concluyendo así de qué modo eran dependientes entre ellos o si por el contrario generaban una contradicción notoria. De ello se obtuvo que efectivamente, el barrio da cuenta a partir de la observación que existen elementos que conforman la imagen de bohemia, ya sea a partir de la ambientación de los lugares de reunión o a través de la vestimenta de quienes interactúan en ella, pero, al estudiar de manera más cercana las dinámicas y sus actores, se nota la manera en que las personas que visitan el barrio o lo habitan, llevan encima un atuendo que no corresponde a su posición económica, la cual en su mayoría hace parte de la clase alta, teniendo en cuenta factores como los precios manejados por los restaurantes, o el costo de la vivienda en el barrio.
     
    De ello se concluye entonces que el concepto de bohemia que ha sido aplicado a este barrio de Bogotá, no ha sido partiendo de su definición inicial desarrolla en París, como seres cuyo atuendo y pensamiento no era convencional y cuyos recursos eran escasos, sino que se adopta como una imagen que permitiría al barrio sobresalir sobre otros espacios por medio de aquella identidad única que le proporcionaría reconocimiento no solo a sus residencias sino también a los establecimientos que la conforman. El hecho de ser uno de los barrios más concurridos en Bogotá ha sido a partir de ello, pues las personas pueden vivir una experiencia que salta los límites de su cotidianidad, simulando ser aquel personaje anómalo en la sociedad, que no requiere llegar a las privaciones económicas dentro de su día a día.
     
    Los únicos espacios que son rescatados de aquella imagen sin fondo, son las galerías, en donde subsisten las interacciones entre artistas y se propicia la experiencia de la vida bohemia.
     
    BIBLIOGRAFÍA
     
    Alcaldía local de Santa Fé. (2006). La Macarena. Reseña básica barrial. Recuperado el 28 de Octubre de 2012, de http://www.funprofes.org/santafelocal/resenas/word/9204.pdf
     
    Alcaldía Mayor. Departamento Administrativo de Planeación Distrital. (2004). Recorriendo Santa Fe : diagnóstico físico y socioeconómico de las localidades de Bogotá, D.C . Bogotá D.C.
     
    Alonso Garces Galería. (s.f.). Información. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://www.alonsogarcesgaleria.com/info.htm
     
    Angulo, G. (s.f.). Colón en las Torres. Recuperado el 5 de Noviembre de 2012, de El Malpensante: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2074
     
    Arbeláez, F. (1995). Voces de Bohemia. El Asturias y el Automático. (pp. 73-99). (H. Sabogal, Ed.) Bogotá: Norma.
     
    Biblioteca Nacional de Colombia. Ministerio de Cultura. (s.f.). Historia. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://www.bibliotecanacional.gov.co/?idcategoria=38988
     
    Celis Alban, F. (12 de Febrero de 1998). Una calle con sabor de mundo. El tiempo .
     
    Colcultura. (1994). La ciudad como bien cultural. (pp. 15). Bogotá: Escala.
     
    Escallón, A. M. (s.f.). Marta Traba. Crítica de arte ingeniosa, punzante y conocedora. Recuperado el 9 de Octubre de 2012, de Latin Art Museum. Fundación Ureña RIB: http://www.latinartmuseum.net/marta_traba.htm
     
    Galería Dos Casas. (s.f.). Dos Casas. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://www.galeriadoscasas.com/html/doscasas.html
     
    Jaramillo, S. (Noviembre de 2006). Reflexiones sobre las políticas de recuperación del centro (y del centro histórico) de Bogotá. Recuperado el 5 de Noviembre de 2012, de Documentos CEDE Universidad de los Andes: http://economia.uniandes.edu.co/investigaciones_y_publicaciones/CEDE/Publicaciones/documentos_cede/2006/reflexiones_sobre_las_politicas_de_recuperacion_del_centro_y_del_centro_historico_de_bogota
     
    König, B. (s.f.). El café literario en Colombia: símbolo de la vanguardia en el siglo XX. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1251429
     
    Lancheros, Y. (8 de Marzo de 2010). ¡Salvemos La Macarena! El tiempo .
     
    Levin, J. (2009). Bohemia in America,1858-1920. (pp. 1-70). Palo Alto: Stanford University Press.
     
    Manrique, M. X., & Perea, S. A. (2006). Panóptico. Catálogo historiográfico de su arquitectura. (pp. 34, 72, 74, 100). Bogotá: Escala.
     
    Melville, H. (s.f.). Literatura. Material de lectura. Recuperado el 14 de Septiembre de 2012, de http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=50&Itemid=30&limit=1&limitstart=2
     
    Monje, C. (2011). Historia de la vida privada en Colombia. Los signos de la intimidad a lo largo del siglo XX (Vol. II). (J. Borja, & P. Rodríguez, Edits.) Bogotá: Taururs.
     
    MÜ Galería. (s.f.). Sobre Nosotros. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://galeriamu.com/main.php
     
    Murger, H. (2001). Escenas de la vida bohemia. (pp. 7-18). Madrid: Montesinos.
     
    Museo de Arte Moderno de Bogotá. (s.f.). Historia. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://www.mambogota.com/mambo/interna_secciones.php?subtitulo=Historia
     
    NC Arte. (s.f.). Información. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://www.nc-arte.org/galeria/
    Ortiz, A. (2005). Bogotá. Arquitectura, Historia e Historias. Bogotá: Tercer Mundo.
     
    Portilla, I. (s.f.). El sueño de las Torres con escalinatas. Recuperado el 5 de Noviembre de 2012, de Foro Urbano. Crónicas de Bogotá: http://www.cronicon.net/ForoUrbano/bogota/columnas/cronicas3.htm
     
    Rodríguez, R. (1995). Voces de Bohemia. De tertulias y bohemia.  (pp. 29-53) . (H. Sabogal, Ed.). Bogotá: Norma.
     
    Rubiano, G. (s.f.). Arte Moderno en Colombia: De comienzos de siglo a las manifestaciones más recientes. Recuperado el 5 de Octubre de 2012, de Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/colhoy/colo13.htm
     
    Salmona, R. (s.f.). Residencia El Parque. Recuperado el 9 de Octubre de 2012, de Fundación Rogelio Salmona: http://obra.fundacionrogeliosalmona.org/obra/proyecto/residencias-el-parque/
    Serrano, E. (2006). Museo Nacional de Colombia : la era Negret: marzo 16 mayo 14 2006 . Bogotá.
     
    Valenzuela Klenner Galería. (s.f.). Galería. Recuperado el 7 de Octubre de 2012, de http://vkgaleria.com/galeria/
     
    Wilson, E. (2001). Bohemians: The glamorous outcasts. (pp. 1-14; 240-249). Londres: I.B. Tauris.