Museo del Oro

  •  
    Identificación
     
     
    Nombre actual:   Museo del Oro.
    Uso actual:   Museo y centro de investigación.
    Diseño Arquitectónico:  Esguerra, Saénz, Suárez, Samper y Cia. Germán Samper.
    Construcción:  Conconcreto S.A.
    Ventilación:  Ing. Álvaro Tapias.
    Promotor:  Banco de la República, Eduardo Arias Robledo.
    Dirección:  Calle 16 # 5 - 41. Parque Santander
    Coordenadas:  4°36’06.84 “N – 74°04’19.25” O
     
    Contexto
     
    Nos encontramos a mediados de la segunda mitad del siglo XX cuando ya la segunda guerra mundial ha terminado y en  Europa se genera un afán por construir las ciudades devastadas por la guerra. Primordialmente era la construcción de vivienda en grandes cantidades para suplir esta necesidad. En Colombia se podría decir que sucedía lo mismo, debido a un “tremendo crecimiento físico y demográfico de nuestras ciudades” (Arango). El Movimiento Moderno, o como también se le conocía: Estilo Internacional (mundialmente estaba sucediendo ese “boom” en la construcción de vivienda), “privilegiaba la eficiencia constructiva sobre cualquier otra consideración” (Arango).  En sólo Bogotá, la población creció 16 veces en tan solo 50 años y se construyó el 97% de la ciudad. Este incremento en el área de la construcción da como resultado la apertura de escuelas de arquitectura en toda Colombia (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla) y una generación de arquitectos muy jóvenes. La escasez de arquitectos, comparado con la necesidades de vivienda en las que se encontraba el país, produjo que los arquitectos se encargaran de más proyectos en un año (cuatro o cinco). Esto dio como resultado una arquitectura moderna más homogeneizada a lo largo de todo el país, pues por solucionar el problema de abasto de vivienda, se dejaba a un lado el diseño personal.
     
    En el año 1946 el arquitecto Carlos Martínez Jiménez junto a Jorge Arango Sanín y Manuel de Vengoechea comienzan a publicar la revista PROA. Esta revista se caracterizó por reseñar obras arquitectónicas del momento y criticar algunas constructoras. Además, fue una de las primeras en defender el urbanismo de “su supremo profeta: Le Corbusier” (Arango). A partir de esta generación de nuevos arquitectos, aparece la firma Cuellar, Serrano, Gómez que junto al ingeniero Doménico Parma, logran hacer grandes avances en la arquitectura moderna colombiana. Otra firma de arquitectos que cabe mencionar, por su aporte arquitectónico es Obregón y Valenzuela  (colaboraron con la conformación del Centro Internacional de Bogotá).
     
    Por otro lado, en Colombia, antes de 1918 no existía ninguna ley que protegiera las piezas de arte precolombino de la comercialización. Grandes guaqueros de Antioquia y Quindío y en menor medida en Boyacá y Cundinamarca, saqueaban las tumbas de los indígenas para robar todos los objetos de oro y venderlos a coleccionistas (nacionales y extranjeros) interesados en este tipo de piezas. Fue en ese año cuando se promulgó la ley que prohibía la comercialización de piezas de oro precolombino. Aún con le existencia de esta ley, el comercio de piezas no disminuyo. En muchos casos la compra y venta de estas piezas no era tanto por su valor histórico sino por el valor monetario que tiene el oro.  En muchos casos se fundían las piezas y se comercializaba con los lingotes de oro. El Banco de la República junto al Ministerio de Educación comienzan a preocuparse por preservar las piezas de los Quimbayas y todas las culturas prehispánicas. Y  es en 1940, con la adquisición del poporo quimbaya, que el Banco de la República comienza a adquirir todas las piezas de arte precolombino que le sean posibles con el fin de poder conservarlas. Dado que en esos años no existía apoyo gubernamental a este tipo de expediciones y excavaciones, el Banco decide comprar las piezas a coleccionistas privados que deciden vender sus colecciones. Poco a poco el Banco va conformando su colección, hasta ser el coleccionista de objetos orfebres más grandes del país e, incluso, del mundo.
     
    La primera vez que estas piezas fueron expuestas fue en la sala de juntas del Banco de la República. Dado el crecimiento en el número de piezas, este salón no dio abasto hasta que deciden darle una amplia sala del edificio Pedro A. López (sede del Banco en ese entonces), donde sólo tenían acceso jefes de Estado, visitantes extranjeros, militares, diplomáticos, colombianos famosos, entre otro tipo de personalidades. En 1958, el Banco de la República cambia su sede a la que hoy en día conocemos. Un año después, en el sótano del edificio, el Museo del Oro abre sus puertas al público. Es en eso donde el museo tiene mayor auge y comienza a expandir su colecciona con objetos de cerámica y piedra.  Era tal la cantidad de objetos que tenían, que le era imposible poder mostrar toda su colección.
     
    Luego en 1961, el Banco adquiere el terreno donde hoy en día funciona el Museo, con la idea de agrandar sus oficinas y darle un piso entero para el funcionamiento del Museo del Oro. Con esta iniciativa le encargan, sin ningún tipo de concurso, a la firma de arquitectos Esguerra, Sáenz, Suárez, Samper que construyan el museo. Estos piden asesoría del director del Instituto Colombiano de Antropología y además viajan a Ciudad de México donde estudian el Museo Nacional de Antropología. Después de esto los arquitectos presentan un proyecto donde el Museo no podría ocupar un piso, sino requeriría de todo un edificio para su funcionamiento. “El resultado fue una estructura que en su interior semeja una nítida caja blanca sobre un pedestal de cristal, sin adornos, sin distracciones. Un volumen de contornos precisos que constituye una firme declaración de modernismo arquitectónico” (Sanchez).
     
    El grupo de arquitectos quiso crear un edificio de diseño muy sencillo, porque creían que su fachada no debería ser una distracción para lo que iban a encontrarse ahí adentro. Lo importante era exhibir las piezas de oro, que eso fuera lo alucinante, no su fachada: “Es una arquitectura neutra, es una arquitectura discreta, es una arquitectura desprovista de valor en sí, son espacios despersonalizados” (Samper). Además, estos entienden que este museo no sólo iba a ser un espacio donde la gente podía aprender de las piezas que vieran, sino que es un espacio donde también tendrían que trabajar especialistas, antropólogas y arqueólogos. Es con estas ideas con las que diseñan y logran el edificio que hoy en día vemos.
     
    En 1970, el Museo obtiene el primer puesto en la IV Bienal de Arquitectura de Colombia. Según el fallo de uno de los jurados “Esta obra cumple además funciones culturales, didácticas y de divulgación, de extraordinario alcance para el público colombiano” (Sanchez). Incluso uno de los arquitectos del proyecto, Germán Samper, dice  “(el edificio) debía ser como un estuche para una joya: fino y provocador, pero no más que la joya”.
     
     
    Entorno
     
    Como ya se mencionó, el Museo del Oro ha estado ubicado en varios lugares, todos ellos en el centro histórico de la capital. En sus primero días estuvo en el edificio Pedro A. Lopez, sobre la Calle 13  (Jiménez o Eje Ambiental) abajo de la 7ª. Luego se trasteó a pocas cuadras, sobre el Parque Santander, en el edificio donde hoy en día funcionan las oficinas del Banco de la República. Finalmente, el museo consigue tener su propia edificación, y se traslada a la esquina noreste del Parque Santander (Calle 16 con carrera 6).
     
    El Parque Santander es uno de los lugares más representativos de Bogotá. La historia de este parque se remonta a los días de la conquista española, cuando se da la fundación de Bogotá. Según las Leyes de Indias impuesta por la corona española, en el lugar de fundación se construía la plaza mayor y a partir de ese punto se estructuraba el resto de la ciudad, siguiendo una trama en damero. Así fue como la ciudad creció hasta encontrar uno de sus límites, el Rio San Francisco al norte. Durante varios años, este río sirvió como barrera natural para la ciudad, pues la única forma de cruzarlo era por un puente en la carrera 7, por donde se controlaba el acceso a la ciudad. Debido a que los indígenas que no estuvieran bautizados tenían prohibido el ingreso a la ciudad, crearon una plaza alterna donde funcionó la plaza de mercado, nombrada: la Plaza de las Hierbas. Por el mismo tiempo, dos órdenes religiosas: los dominicos y los franciscanos construyeron sus monasterios a los alrededores de esta plaza. Es así como la plaza va tomando cada vez más importancia, generando cierto recelo en el obispo de aquel entonces, Juan de los Barrios, por la importancia que tenia por encima de la Plaza Mayor. Decide trasladar el mercado a la Plaza Mayor y la construcción de la Catedral Primada de Bogotá. Aún así, la plaza siguió manteniendo su importancia a través de los años.
     
    Por esos mismos años, construyen en el costado noroccidental de la plaza, la Iglesia del Humilladero. Una iglesia que funcionó por varios años, como iglesia para los indígenas y como sede de la Santa Inquisición. Un siglo después, por órdenes del Estado se demolió ésta Iglesia.
     
    La plaza de las Hierbas cambió su nombre a Plaza de San Francisco por la iglesia de San Francisco y en honor al Santo Francisco de Asis. Luego, se instaló una estatua de Francisco de Paula Santander, haciendo una vez más en el cambio de nombre a: Parque Santander.
     
    Por último es importante concluir que el carácter del parque ha ido cambiando a través de los años. En un principio, lo importante de ese espacio era la plaza, donde se realizaba el mercado, y todas las edificaciones que se encuentran alrededor, estaban en segundo plano. Hoy en día y desde que grandes construcciones se han ido construyendo a su alrededor, la plaza y hoy en día  el parque, no es el foco de todas las actividades sino todos los edificios que lo rodean, como el museo del Oro, el edifico Avianca, e Banco de la República entre otros.
     
     
    Sobre el Parque Santander también se encuentra:

  • (Imagen tomada  de Google Earth)
     

     1. Edificio Banco de la República

    Arquitecto: Alfredo Rodríguez
    Construcción: Cuellar, Serrano, Gómez
    Las oficinas del Banco de la República se encuentran en el costado sur del parque (Carrera 7 # 14-78), donde anteriormente se encontraba el Hotel Granada. Hoy en  día es un edificio al estilo moderno, casi hermético y con un acceso principal de doble altura sobre la carrera 7. Uno de los retos a la hora de construir esta torre de 12 pisos, fue su cimentación. Al ser uno de los vecinos del Río San Francisco los suelos son muy húmedos, por lo que la cimentación son grandes muros de contención de concreto que sostienen pórticos de concreto.  Este edificio, se encuentra aislado en la esquina del parque, generando cuatro fachadas de vidrio.
    (Londoño)

    2. Edificio Nacional de Seguros

    Arquitecto: Obregón y Valenzuela
    Construcción: Pizano, Pradilla y Caro
    Esta edificación se encuentra en el costado norte del Parque, justo al lado del Edificio Avianca. El Edificio Nacional De Seguros, se caracteriza por ser una torre de diez pisos sobre una plataforma de tres pisos, hecha en concreto. El hecho que el concreto esté a la vista, representa el alto grado de detalle que se tuvo a la hora de fundir el concreto y retirar su encofrado.
    (Londoño)

    3. Edificio Banco Central Hipotecario (BCH)

    Arquitecto: Germán Samper -  Esguerra, Sáenz, Urdaneta Samper y Cía.
    Cálculos Estructurales: Ing. Doménico Parma Marré
    Ubicado en el costado este del parque junto al Museo del Oro.
    EL BCH, es otro de los ejemplos que hay en la ciudad de torres sobre plataforma. En este caso la plataforma de este edifico es de tres pisos escalonada rematando en la torre de diez pisos. Es notable el sistema estructural de este edificio pues usa acero post-tensado, con el fin de lograr tener  grandes luces (hasta de 30 metros) y grandes voladizo como los que hay en el primer piso: nueve metros. La plataforma de tres pisos del BCH empata, en altura, con la altura del Museo, generando una circulación entre estas dos edificaciones por debajo de sus voladizos. Hoy en día funciona como las oficinas de la DIAN.
    (Londoño)

    4. Edificio Avianca

    Arquitecto: Esguerra Sáenz Urdaneta Samper y Cía.; Ricaurte Carrisoza y Prieto Ltda. 
    Cálculos estructurales: Ing. Doménico Parma Marré
    Ubicado en el costado norte del parque, junto al Edificio Nacional de Seguros.
    El edificio Avianca fue por muchos años el edificio más alto de Colombia hasta que se construyó la Torre Colpatria. Es un rascacielos con las características de los rascacielos construidos por la Escuela de Chicago. Al igual que varias otras edificaciones en el centro de Bogotá, está construida con la tipología de torre sobre plataforma. Dadas las características del terreno y el peso de ese gran edificio, la cimentación parte de unos caissons que contrarrestan las fuerzas verticales.
    Por otro lado, el edifico Avianca es recordado por el incendio que sufrió en el año 1973, donde no hubo daños considerables en su estructura. Hoy en día, Avianca ocupa algunos pisos; el resto son ocupados por diversas compañías.
    (Londoño)

    5. Iglesia de San Francisco

    Ubicada en el costado oeste del parque, cruzando la avenida 7ma.
     En la mitad del siglo XVI, el arzobispo Juan Barrios le regala a los frailes franciscanos unas casas ubicadas en uno de los costados del río Santo de Asis, hoy Eje Ambiental. Es ahí donde los franciscanos se asientan y construyen su convento y la iglesia de San Francisco.  En un comienzo el templo era una construcción muy sencilla y  pequeña, por lo que los frailes deciden reconstruirla con ayuda de unos fondos otorgados por el rey de aquel entonces. Algunas décadas más adelante, después de la reconstrucción, construyen el retablo mayor, hoy en día característica principal de esta iglesia. El templo permaneció en ese estado durante varios años, hasta que los temblores ocurridos en la capital y en especial en del año 1785,  afectaron gravemente la estructura del campanario y otras partes de la iglesia; por lo que se vieron obligados a demolerlo, reconstruirlo y reforzar otras partes de la estructura. Desde entonces el templo ha permanecido sin mayores alteraciones hasta el día de hoy.
    (Corredor)

    6. Iglesia de Veracruz

    Colinda con la iglesia de San Francisco hacia el norte.
    Hoy en día no hay una fecha exacta sobre la construcción de la iglesia. Unos afirman que la iglesia fue construida a los pocos años de la fundación de Bogotá “al otro lado del Río Viracocha”, siendo, en un comienzo una ermita: la ermita de Veracruz. Otros dicen que la iglesia fue construida mucho después, cuando los franciscanos cedieron esos terrenos a la Cofradía de Santa Cruz, devotos acaudalados de Bogotá, quienes se hicieron cargo de los gastos de la construcción. Otras versiones dicen, que en efecto se construyó la ermita y después, la Cofradía de La Veracruz se hizo a cargo para construir la iglesia. Esta iglesia también sufrió daños tras el temblor de 1827, por lo que tocó reconstruir varias secciones de la iglesia.
    (Arquidiócesis de Bogotá)

    También cabe mencionar otras edificaciones como, el Jockey club, El edificio de El Tiempo, sobre la Avenida Jiménez con 7, la Universidad del Rosario y la Plazoleta del Rosario, también sobre la Avenida Jiménez.
     
     

    Edificio

    Algunos dicen que el Museo es una simple caja blanca sin mucha gracia, y es precisamente eso a lo que Samper quería llegar con el diseño del Museo. Cuando uno se encuentra en el parque Santander, es fácil reconocer el Museo, pues esa fachada completamente blanca  con esa pequeña franja, llama nuestra atención. Con una leve pendiente que tiene el Parque, nos acercamos a él y apreciamos que esa gran caja de concreto se apoya por un gran ventanal de acceso, que invita a la gente a descubrir que hay más allá de esas puertas. Se sube un par de escalones y entramos a un gran corredor que une el Museo y el BCH, que en un principio no es perceptible que son dos edificios distintos pues se mantiene un mismo perfil entre estos dos.

    Ya en el museo, y citando las palabras del mismos Samper “El hall de acceso, la escalera monumental con su perspectiva forzada que invita a entrar, el luminoso hall del segundo piso, son los espacios con arquitectura propia, que articulan los accesos a los espacios de las salas en donde desaparece la arquitectura, para dar lugar a verdaderos escenarios...”.

    En el 2004 el Museo  se amplió, adquiriendo el lote posterior y construyendo una torre de ocho pisos. A raíz de esta ampliación hubo una remodelación del antiguo museo, donde las oficinas y laboratorios se reubicaron al nuevo edificio, y la zona antigua quedo con todas las salas de exposición y salas didácticas, en sus cuatro pisos.  Hoy en día visitar el museo es tener casi la mis experiencia que se tuvo en sus primeros días, pues los espacios que se diseñaron en un principio se mantuvieron y se modernizaron con los acabados. Además cabe anotar que lo importante y lo que se logra con este museo es dejar a un lado la arquitectura y sus espacios, para darle la importancia que se merece a las piezas de oro debidamente iluminadas y ubicadas en un escenario pensado para llamar la atención de todos los visitantes.  “(el edificio) debía ser como un estuche para una joya: fino y provocador, pero no más que la joya” (Samper).

    Para lograr  esta calidad en los espacios el sistema estructural, permite que no haya una sola columna en las salas de exposiciones. Lo que hicieron los arquitectos e ingenieros de la obra fue ubicar los ejes estructurales hacia los costados del edificio;  teniendo luces de casi 25 metros.

    Cada sala tiene una caracterización diferente, pues la idea principal del proyecto es generar recorridos pre-establecidos, de tal forma que el visitante logre aprender algo sobre su nación. Por ejemplo, en el tercer piso, en la Sala de Orfebrería, se diseñó esa sala de tal forma que el espectador se sintiera en un laberinto y en espacios íntimos donde sólo está él y la pieza. También, estos recorridos pre-establecidos, entre sala y sala, fueron creados con la finalidad que el espectador no se aburriera y cansara de ver  miles de piezas precolombinas.

    Desde afuera, el museo es totalmente hermético, con un gran ventanal sobre la fachada principal y la entrada de vidrio que nos invita a explorar el interior de la construcción.. De resto, es difícil saber que ocurre en el interior de esta edificación.  Pero, cuando uno se encuentra en el interior, en el hall de acceso, el museo resulta que es un espacio supremamente abierto e iluminado por un gran patio interior (Samper), por donde se encuentran las circulaciones. Es este patio interior, el que permite que dentro de la edificación haya una relación entre todos los pisos, a veces visual o en otros casos de doble altura o triple altura.

    El Museo del Oro  es el resultado de políticas del gobierno para proteger el patrimonio colombiano, y la adopción de ideas modernistas por parte de los arquitectos colombianos. También es el resultado de un completo análisis interdisciplinario, para abarcar todas las necesidades funcionales del edifico. Y lo más importante, es el resultado de entender que la arquitectura no es simplemente una profesión que construye edificios; sino una profesión que se encarga de diseñara los espacios de la mejor manera para que la persona, o el objeto que lo ocupe, se encuentre en buenas condiciones.
     


    Bibliografía
     
    Arquidiócesis de Bogotá. Mayo de 2012 <http://www.arquibogota.org.co/?idcategoria=1926>.

    Corredor, Fabio. Arquidiócesis de Bogotá. Mayo de 2007. Mayo de 2012 <http://www.arquibogota.org.co/index.php?idcategoria=1937>.

    Londoño, Roberto. «Centro Moderno de Bogotá.» dearquitectura (2008): 78 - 95.

    Samper, Germán. «El Museo del Oro.» Samper, Germán. Recopilación de artículos y conferencias sobre arquitectura. Bogotá, 1970.

    Arango, Silvia. «El Movimiento Moderno (1945-1970).» Arango, Silvia. Historia de la Arquitectura Colombiana. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1993. 208-247.

    Samper, Germán. «Proyecto para el Museo del Oro.» PROA (1965): 30-32.

    Sanchez, Efraín. «Museo del Oro.» Banco de la República. <http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/boletin/boleti6/bol64/64-1.pdf>.
     
     
     

    El análisis fue desarrollado en conjunto con 
    Sebastián Castiblanco