MUJER | VANGUARDIA | POLÍTICA

  • Ya en 1909 Marinetti clamaba desde su texto “Fundación y Manifiesto del futurismo”la glorificación del “desprecio por la mujer”. Se creía que por su extremada cercanía con la naturaleza, la mujer estaba llena de impedimentos para integrarse en las dinámicas del futurismo. En mayor o menor medida, esta posición de abierto rechazo de la mujer o, en los mejores casos, de consideración de ésta como participante menor, ocasionalmente modelo y musa, pero casi nunca creadora, fue considerada como “natu- ral” para varios movimientos vanguardistas. Y, sin embargo, pese a estas concepciones, aquí y allá existieron varias artistas vanguardistas, productoras de primer orden que ampliaron las posibilidades creativas de varias expresiones del arte moderno, vinculando incluso su producción con sus contextos políticos. Aunque no siempre aceptadas, varias artistas mujeres asumieron el reto de hacer un arte perdurable, moderno, político y vanguardista, simultáneamente.
     
    Para la comprensión de estas dinámicas entre vanguardias-mujeres-política en el caso colombiano, resultan especialmente significativas las figuras de Débora Aran- go (1907-2005), Beatriz González (1938-) y Clemencia Lucena (1945-1983). Estas tres artistas tuvieron prolíficas producciones que conjuntamente cubrieron casi cua- renta años de historia colombiana contemporánea: desde los albores de “La Violencia” hasta el fortalecimiento de los movimientos armados al margen de la ley, pasando por la dictadura de Rojas Pinilla y el posterior “Frente Nacional”, entre otros hechos. No obstante, a diferencia de sus pares europeas –cuyas obras muchas veces colaboraron con los regímenes políticos donde fueron producidos, como fue el caso de Leni Riefenstahl y Liubov Popova–, las relaciones del arte creado por las colombianas con las realidades de sus respectivos contextos de producción, nunca se caracterizaron por la complacen- cia y el halago. Al contrario, sus posiciones frente a sus contextos fueron desde lo crítico hasta lo revolucionario. Aunque diverso en sus expresiones, el arte de Arango, González y Lucena fue ante todo un arte con conciencia de su lugar de producción, con todas sus contradicciones y violencias, que no se quedó silencioso frente a éste, sino que haciendo uso de un lenguaje figurativo transmitieron sus opiniones respecto a sus realidades. A esta posición crítica respecto a la situación general del país, el arte de estas tres artistas se caracterizó también por una clara noción de su “condición de mujer”, conciencia usada para hacer también una representación de las múltiples violencias que la pertenencia a su género facilitaba y condonaba, cuando no ignoraba.