DEBATES CONTEMPORÁNEOS/ Teoría UI Arq.Urbana- ARQU3823.

  • Orquideorama José Jerónimo Triana, Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe
    Pabellón de Espacio Público
    Medellín, Colombia. 2006
    Arquitectos: Plan B Arquitectos + JPRCR Arquitectos
  • Teoría U.I. Arquitectura Urbana - Ejercicio No. 2: Debates Contemporáneos
    Estudiante: Andrea Serpa Marroquín
    Profesora: Isabel C. Arteaga
    COD. 201125263
    15 de marzo de 2015




    La redefinición de la ciudad.

               
    En las últimas décadas se ha puesto en duda el modelo de desarrollo vigente sobretodo de Occidente, pues lo que en algún momento parecía ser una ruta viable de desarrollo ha demostrado con el tiempo ser un modelo que está afectando paralelamente diferentes esferas tanto a nivel micro, que conciernen sobretodo los ámbitos económicos y sociales, como a nivel macro, donde el principal tema de interés ha sido la afectación del planeta en términos medio ambientales y el papel que ha jugado no solamente el hombre sino la huella de su paso por el mundo, donde la ciudad, inevitablemente, ha sido el designio más determinante y de mayor impacto. Y antes de hablar de la ciudad como tal es importante poner en contexto este término que muchas veces puede ser equívoco e impreciso -y a su vez variable-, sobretodo hoy en día, donde las principales premisas de la ciudad están siendo reevaluadas. La Real Academia de la Lengua Española, que es sin duda el órgano más certero y confiable a la hora de aclarar un concepto, define la ciudad como:

    1.     Conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas.
    2.    Lo urbano, en oposición a lo rural.

    Y se entiende por ciudad, así mismo, como un área urbana en la que predominan fundamentalmente la industria y los servicios, y que se diferencia de otras entidades urbanas en distintos aspectos, donde se tiene en cuenta sobretodo la población, la densidad poblacional, y los usos que se desarrollan en estos planos determinados [1]. En breve, hasta el día de hoy la noción de ciudad se sigue rigiendo por esa idea predominante de un espacio urbano con unas operaciones y dinamismos muy puntuales, pero sobretodo, como ese espacio en oposición a lo rural y por extensión lo natural; que se contradice con las dinámicas rurales, las mismas que están íntimamente relacionadas con su entorno natural, pero que sobretodo van de la mano de la sostenibilidad, de esa la idea imperativa y absoluta de recibir de la tierra en la medida que se le suministra. Es pues, la ciudad “moderna”, una entidad que no está en sintonía con estos principios, y que, hasta hace poco, la gente parecía estar comprometida con este esquema.

    Pero, ¿hasta qué punto va a seguir siendo válida esta noción contemporánea de ciudad? Pues su propia definición ha cambiado históricamente gracias a las mismas dinámicas y actividades que se generan dentro de sí. La ciudad antigua y la moderna son dos cosas distintas, ambas ciudades para los criterios de su época, pero la idea cambia en la medida que lo hace el mundo. No tiene, pues, una definición establecida y atemporal, sino que está sujeta a los llamados y exigencias de cada época. El Diccionario de la Academia Francesa, por ejemplo, desde la edición de 1694 hasta la de 1835, definió la ciudad como “la reunión de muchas casas dispuestas en calles y encerradas dentro de un recinto común que suele ser de muros y fosos”.

    Tiene que acontecer algún suceso que genere un punto de quiebre histórico, un punto de inflexión, que haga que la dirección de las cosas cambie. Y actualmente estamos pasando por uno. No lo notamos, pero estamos presenciando un detonante. No nos damos cuenta, pero el mundo está llegando a un límite. Hoy. Se está acercando a ese punto crítico de agotamiento de recursos, pues hasta el día de hoy, la demanda ha sido mucho más elevada que la oferta. Es la misma naturaleza la que nos está exigiendo un cambio, sí o sí, porque antes de que fuera demasiado tarde, se demostró de manera contundente que el modelo de desarrollo vigente era una amenaza para el planeta. Así como es la misma naturaleza la que está obligando hoy a redefinir otra vez la ciudad. A replantearla. A estudiar sus fallas y proponer nuevas alternativas. Es inevitable, pero esta siendo conducida a romper con el esquema que la contiene y poco a poco reconciliarse y redefinirse con su antónimo. Pues la ciudad como la conocemos esta acabando con el planeta. Necesariamente tiene que replantear su relación simbiótica con la naturaleza y tomar una postura menos confortable y parásita. Y es así, como de una manera idílica y sigilosa, la ciudad está condenada a borrar sus límites difusos y, hasta ahora, antagónicos, con lo rural. Y empezar a naturalizarse. A no darle la espalda, sino por el contrario someterse al ciclo natural del mundo. A volverse parte activa del ecosistema global, y en vez de consumir únicamente, devolverle a la tierra en la misma medida.

    Y esta idea bien se ha insinuado en diferentes textos que se han anticipado al inevitable cambio de paradigma en lo que concierne a las ciudades, y han abonado el terreno para que el cambio que se aproxima no nos tome por sorpresa y en cambio, se pueda abordar de una manera madura, sensata, previamente estudiada, y sobretodo como un nuevo horizonte donde las posibilidades a soluciones alternativas están abiertas a la creatividad y el ingenio que surgen siempre de las dificultades y los momentos de cambio. Pero antes de hablar de los movimientos insurgentes y la fuerza que están empezando a tener, es preciso abordar el tema desde su génesis, para poder entenderlo de raíz. Y en este sentido es oportuno estudiar la tesis del Pequeño Tratado del Decrecimiento Sereno [2], donde se establece cuáles son las principales causas que han llevado a que el mundo se vea obligado a cambiar de modelos y paradigmas, a partir de un análisis que asocia los cambios sociales y culturales de la era moderna con su inevitable impacto a nivel medio ambiental. Pues entre las dinámicas que más han influenciado la modernidad, están, como lo puntualiza el libro, la sociedad del consumo, una sociedad que crece por crecer, que montada sobre la publicidad, el crédito, la obsolescencia, y sobretodo la corrupción política, ha llevado al mundo a un punto de infortunio y desventura, donde socialmente se han generado profundas brechas de desigualdad, y que ambientalmente está debilitando al planeta y amenazando al mundo con la consunción de sus recursos. Pues era de esperarse, cuando un modelo económico proyecta un infinito crecimiento dentro de un mundo finito. 

    Así mismo, en el libro Ciudades para la Gente [3], Jahn Ghel aborda distintos temas donde en el fondo la preocupación es la misma, pues aunque su tesis central no este dirigida a los temas estrictamente medioambientales, nota cómo el crecimiento de las ciudades ha sido desmedido y cómo esto ha tenido, una vez más, impactos rotundos en la sociedad y en el planeta. Las ciudades crecieron respondiendo a las dinámicas que ellas mismas generaban, ignorando casi por completo lo que estaba fuera de sí, y expandiéndose sin sensibilidad al entorno, lo que a su vez generó sociedades fragmentadas e impersonales, que son a la vez causa y consecuencia de las principales problemáticas que atañen a las ciudades hoy en día. Pero sobretodo, y cómo lo menciona Ghel en el Capítulo 3, es imposible disociar la sostenibilidad social de la medioambiental, pues la ciudad ha afectado a la sociedad, y la sociedad, inevitablemente -y gracias a la ruta que estableció el modelo de ciudad moderna- está afectando el patrimonio natural del mundo. Y culpa puntualmente a la alta demanda que está agotando los recursos no renovables, la polución ascendente (que está íntimamente relacionada a las grandes distancias que ha generado la expansión desmedida de la ciudad), las emisiones de carbono, y la amenaza ecológica resultante, que a su vez son incentivos de peso para empezar a implementar políticas de sostenibilidad en las ciudades alrededor del mundo.

    Y no solamente es algo que el planeta somático está pidiendo, sino que la misma gente que habita las ciudades poco a poco está empezando a buscar un modelo de vida alternativo, buscando compactarse y acercarse más; poniendo en duda las promesas de esa ciudad extensa y fría y, como bien lo sugiere Jeff Speck en el libro Ciudad Caminable [4], dejándose seducir cada vez más por la pequeña escala, por un grado de intimidad mayor, pues en su tesis hace alusión a que la gente, progresivamente, está optando por estar confinada en espacios limitados, acogedores y agradables. Y de esta manera es evidente que el cambio que se avecina en términos urbanos no es únicamente un llamado de la naturaleza sino de la misma sociedad, que a pesar de haber sido los causantes de las tendencias modernas, son los mismos que están empezando a cuestionarla, tomando una posición activa hacia el cambio y buscando la manera de volver a las predilecciones pasadas. Pues así como cada vez más la ciudad está encontrando la manera de reconciliarse con los el pasado natural y rural que estuvo antes que ella, la misma gente está buscando la manera de retomar el modelo de sociedad que evoca a ese modelo igualmente antiguo, integral, de relaciones más personales y menos dispersas, donde el sentido de comunidad empieza a tener más fuerza que las dinámicas individualistas que han surgido de las ciudades disgregas, rápidas y ruidosas, hijas del consumismo, la competencia y el desmesurado alcance de la globalización.

    Y es de esta manera como se está dando el inevitable paso que es confuso determinar si es hacia delante o hacia atrás, pero que en todo caso tiene la determinación de reconectar el mundo moderno con la naturaleza, con los ciclos legítimos de nuestra especie y del mundo, que por muchos años fueron subvalorados, pero que son parte innegable del umbral que nos justifica como especie, y que ignorarlos sólo estaba trayendo problemas y amenazas al mundo que es nuestra única y verdadera casa. Argumento que bien es presentado por Ian L. McHarg en Proyectar con la Naturaleza [5], donde finalmente concluye que primero hay que determinar que puesto ocupa la naturaleza en el hombre y viceversa, para, con base a esto, poder plantear un modelo y un plan para que el hombre se pueda desarrollar adecuadamente en la naturaleza. Y enfrentando a la ciudad y al campo, haciendo un pulso entre dos supuestos antagonistas, logra hallar unos puntos de coincidencia y correlación, que abonan el terreno para una reconciliación entre el mundo urbano y la naturaleza que lo contiene. Pues como bien nota el autor, el reordenamiento de la ciudad tiene que basarse en la naturaleza que existe aquí millones de años antes que nosotros, y que había podido sobrevivir sola, algo que deja muchas ideas para reflexionar, pero sobretodo para aprender e imitar. 

                Y siguiendo con esta línea de pensamiento, es preciso retomar las ideas del urbanista español Carlos García Vásquez en su charla de Acciones Urbanas Alternativas a la Ciudad Global, donde teje las ideas que se han evaluado previamente, llegando a conclusiones con altos niveles de desarrollo, donde oblicuamente se estudian los temas del decrecimiento, la resiliencia, y los inevitables cambios en los modelos y paradigmas que hoy en día rigen el mundo, como lo son el capitalismo, el consumismo, el confort, etcétera, que a su vez son los que están poniendo en jaque el equilibrio del planeta. Habla también de recentrarse en lo local, pues el modelo de la globalización estandariza unas matices que son muy propios de cada sitio que se evalúe y sus particularidades. Y de esta manera, poniendo ejemplos en diferentes ciudades del mundo, muestra como en cada territorio hay palpante una estrategia para reconectarse con la naturaleza y sus ciclos. En los pueblos de la Toscana en Italia, por ejemplo, hay una iniciativa que busca conseguir una unión territorial por medio de la agricultura (un tejido agro cultural entre pueblos y municipios), o lo que actualmente está pasando en Andalucía, que es una intención de recuperar las antiguas tradiciones de los famosos patios andaluces de su arquitectura patrimonial. O el famoso caso de los Rompemoldes, que buscan recuperar ideas de la comunidad, que son solo algunas de las iniciativas que desde ya están buscando generar un cambio en el actual modelo de urbanismo, y replantar unos paradigmas rígidos y absolutos, para suavizarlos y mimetizarlos con ideas que, hasta el día de hoy, parecen ser opuestas: con la vida y la sociedad rural.

                De esta manera, la ciudad y la sociedad que la mora están condenadas a redefinir sus premisas y replantear sus relaciones tanto de la ciudad con la naturaleza como de los ciudadanos entre ellos, pues con los cambios que han agitado al mundo en los últimos tres siglos, la sociedad había empezado a modelar y ser modelada por unos paradigmas que se han demostrado ser desacertados y muy inoportunos, principalmente porque van en contravía al flujo natural de las cosas. Es entonces como los mismos cambios que ha originado el actual modelo económico, social y urbano, están llevando a que se replantee la relación que actualmente hay entre las ciudades y la naturaleza, para poder volver a integrar la segunda con la vida y las dinámicas humanas. Como se plantea en el capítulo La ciudad sostenible del texto Ciudad hojaldre, hay que empezar a entender a la ciudad como un gran ecosistema que consume recursos y genera residuos, y con base a esto buscar la manera de ayudar a construir un modelo que se ajuste a esta definición, y que este enfocado en reducir al máximo el impacto del hombre en el mundo. Un modelo que, en últimas, tenga como norte esas ideas perdidas y subvaloradas hasta ahora de lo rural, y que difumine los dos términos opuestos para poder conseguir ese matrimonio que tanto nos está proponiendo la tierra. De asociar otra vez, como lo hicieron nuestros antepasados, nuestra vida en comunidad, en ciudad, con la naturaleza. De dejar a un lado el confort y lo innecesario y reenfocarnos en lo urgente, en lo que realmente necesitamos. Y más allá de lo físico, de la globalización, la sociedad del consumo, etcétera, unir la esfera ambiental con la social, que inevitablemente están unidas, y así también, de la mano de lo físico, volver a esa idea de comunidad que era tan vigente en la ciudad antigua, que no se matizaba con el orden rural, con relaciones consolidadas de solidaridad y respeto mutuo y por el entorno. Y poder soñar, otra vez, con alcanzar una sostenibilidad medioambiental, que a su vez nos lleve a conseguir una sostenibilidad social, pues son dos fuerzas recíprocas que no se pueden ni entender ni lograr la una sin la otra.



    Bibliografía:

    [1]       http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudad
    [2]       Latouche, S. (2009). Pequeño tratado del Decrecimiento Sereno. Barcelona: Icaria.
    [3]       Ghel, J. (2014). Ciudades para la gente. Buenos Aires: Infinito.
    [4]       Speck, J. (2012). Walkable city: How downtown can save America, one step at a time. New York: Straux and Giroux.
    [5]       McHarg, I. (2000). Proyectar con la Naturaleza. Barcelona: Gustavo Gili.