FRACTURA

  • Proyecto de grado
    Universidad de los Andes
     
     
     
    2015.
  • FRACTURA es una instalación que evoca a través de sonidos y de imágenes, cuatro estados emocionales post-coito femeninos (la culpa, el vacío, la indiferencia y la calma) y que busca brindar un lugar abierto donde las mujeres con una vida sexual activa se animen a compartir experiencias y sensaciones post-coito que han silenciado, al encontrar empatía en el resultado de las historias y manifestaciones otras mujeres.
  • Fragmento de "culpa"
     

  • [1] La culpa, el vacío, la indiferencia y la calma, surgen como categorías que se derivan de la investigación y no suponen parte de un estudio oficial que exista. Categorías generadas de observaciones propias del proyecto.


  • FRACTURA parte de un interés particular de la autora frente a la sexualidad, sus maneras, sus manifestaciones y el entendimiento social que se tiene sobre ésta. Una inquietud que, ante todo, busca descifrar el fetichismo: ¿Qué busca, espera y mueve a la gente en los gustos sexuales que mantiene en su ámbito privado?
     
    De allí, de ese cuestionamiento, se desprende también un interés por buscar una manera de romper ese tabú y hacer que la gente hable del tema; interés fundamentado además en una observación personal y constante sobre las mujeres en el entorno generacional de la autora, permiten evidenciar que la mayoría no habla de sexo abiertamente y que, en consecuencia, han cedido este espacio para que los hombres conviertan la sexualidad en un discurso que procura enaltecer su orgullo propio y que obvia sin piedad las posibles dudas o problemas de la vida sexual normal de cualquier persona, hombre o mujer, dirigiendo su entendimiento siempre hacia una idealización de lo que ésta se supone que debiera ser, y erradicando de raíz otras nociones posibles que también le pertenecen. 
  • Partiendo entonces de que la verbalización de estas emociones se torna compleja para las mujeres, y que la comunicación sobre la sexualidad se haya en un estado entorpecido que la sociedad perpetúa, urge establecer un estado de comunicación más fluida que logre una traducción de la experiencia a través de distintos medios. Por eso, se retoma brevemente una reflexión que sugiere tres vías principales de comunicación: la imagen, porque la palabra pareciera entorpecer naturalmente la comunicación del post-coitum; el sonido, para evocar el silencio sobre el tema; y los espacios, porque articulan los lenguajes y procuran la unicidad del discurso, y a su vez contienen la experiencia.
     
    Estos medios son pensados con el objetivo de poner en tensión diferentes discursos; para contrastar una imagen con sonidos, una textura con una imagen, y evocar sensaciones, despertar recuerdos, transportar.
     
  • La serie de cuatro emociones que fundamentan el diseño será mostrada a través de una instalación, un espacio sensorial donde confluye lo sonoro, en relación a las fotografías, que han sido dispuestas con la intención de que, al ser observadas en conjunto, dialoguen entre sí, para dar lugar a un nuevo discurso sobre sexualidad. Discurso para el cual la autora, a través del diseño, planteó unos parámetros que lo enmarcan y sobre todo que despiertan el deseo de compartir emociones, pero que en últimas se construye a partir de las relaciones mentales y emocionales que hagan los espectadores con las piezas. 


    El espectador es invitado a moverse alrededor de la obra o a interactuar con la pieza, que además muta y se modifica en función de la intervención que van haciendo las mujeres que lo habitan y que lo apropian al compartir sus propias reacciones. El espacio pretende existir en diferentes lugares: se puede encontrar en espacios públicos, exteriores o urbanos, y potenciar la interactividad entre el diseño y el público y así, cambiar la concepción que se tiene con respecto a hablar de sexo en general y desmitificar la tendencia a enmarcarlo en contextos únicamente privados, complementando de esta manera la interacción social frente al tema.