Colombia: Repensar las ciudades hacia la sostenibilidad

  • Departamento de Ciencias Biológicas
    Curso Tipo E: BIODIVERSIDAD, CONSERVACIÓN Y DESARROLLO.
    Ejercicio Académico No.1. Tema I: COLOMBIA, BIODIVERSIDAD Y ECOLOGÍA.
    Estudiante: Andrea Serpa Marroquín
    Código: 201125263
    Fecha: 23 de agosto de 2015



    Repensar las ciudades desde las dinámicas rurales:
    Sostenibilidad como eje de desarrollo en las principales urbes del país
  • Repensar las ciudades desde las dinámicas rurales:
    Sostenibilidad como eje de desarrollo


    Aunque la acelerada e inclemente pérdida de los recursos naturales sea un tema de preocupación a nivel global, es especialmente preocupante en Colombia, que históricamente ha sido un país privilegiado por sus riquezas naturales y la variedad de especies tanto animales como vegetales en su extensa diversidad de ecosistemas. Condición que está determinada principalmente por sus condiciones geográficas, pues sus dos océanos, numerosos nacimientos de agua de distintos géneros, tres cordilleras que generan una amplia matiz de altitudes, y su ubicación en el neotrópico y cruce de caminos entre Norte y Sur América, han dotado este territorio de una inmensa riqueza en términos de biodiversidad. Como bien lo explican Juan Armando Sánchez y Santiago Madriñán[1] (Biodiversidad, conservación y desarrollo, 2013), Colombia es un país “[…] con una posición biográfica especial, donde los endemismos biológicos, la diversidad de recursos genéticos y la multiplicidad de ecosistemas le dan el calificativo de ser uno de los países megadiversos del planeta” (Pg.13). Calificativo que lo posiciona como uno de los países más valiosos e imprescindibles del planeta.

    Sin embargo, estos ecosistemas están siendo poco a poco depredados y deteriorados por el hombre y sus actividades, reduciendo significativamente sus superficies y su calidad. Hemos abusado de nuestras ventajas en términos ambientales, en aras de perseguir unos modelos de “desarrollo” occidentales que con el tiempo están empezando a ser cuestionados y reevaluados. Es entonces necesario replantear la relación simbiótica del hombre con su entorno natural, ya que cada vez es más evidente que el modelo actual no es sostenible ambiental, social ni económicamente. Y que estamos perdiendo la riqueza intrínseca y real de nuestro país, delegándosela a unos paradigmas de riqueza frágiles e irreales, además de ser profundamente contraproducentes.

                Y de todas las evidencias de la huella del paso del hombre por el mundo, la ciudad, inevitablemente, ha sido el designio más determinante y de mayor impacto. Pues desde su propia definición, se entiende este concepto como un elemento en oposición a lo rural. Que se inserta en el territorio sin ningún tipo de relación con su contexto, ni con las dinámicas rurales que la preceden, que estaban en proporción y recíproca interrelación con la naturaleza y sus ciclos. El crecimiento de las ciudades, determinado principalmente por la colonización y la Revolución Industrial, ha depredado agresivamente el territorio fértil y acuoso del territorio nacional, dotado de abundante vegetación y suelos húmedos. El desequilibrio entre la oferta y la demanda de terrenos planos y secos para construir ha llevado a que, por ejemplo, se talen bosques enteros en aras de un “desarrollo” urbano, o de que se drenen suelos porosos, lagos, humedales, y otras importantes fuentes de agua, y sean reemplazados por inmensas superficies de concreto. Lo que a su vez restringe la respiración del planeta y la adecuada marcha de sus ciclos naturales, y que amenaza gran parte de la fauna y la flora de nuestra idiosincrasia nacional.

                El principal recurso del que se ha valido el crecimiento de las ciudades ha sido la deforestación, la expansión del territorio sobre grandes superficies arborizadas, creciendo horizontalmente, lo que se conoce como el crecimiento “mancha de aceite”, que indica cómo la ciudad se va expandiendo conforme encuentra espacios vírgenes, independientemente de la naturaleza de estos [ver Recuadro 1]. El verdadero problema radica en que, hasta ahora, entre las principales estrategias de crecimiento urbano, ha imperado la de bajas densidades. Los ratios vigentes de número de habitantes por unidad de área en las principales urbes de Colombia no son buenos indicadores en términos medioambientales. Bogotá, por ejemplo, tiene una densidad poblacional de aproximadamente 4.146 habitantes por kilómetro cuadrado, según las cifras presentadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en el “Boletín Censo General 2005 – Perfil Bogotá”. Y de acuerdo con los Medidores Urbanos Internacionales, estas cifras registran un promedio de densidad Media y Media-Baja.

    Esto, además de tener impactos muy negativos en términos medioambientales, también perjudica enormemente a sus habitantes, pues obliga a la gente a tener que desplazarse sobre grandes superficies y hacer trayectos extensos para acceder a los diferentes equipamientos, servicios y dotaciones urbanas. Lo que incentiva la construcción de grandes avenidas y el uso de vehículos tanto públicos como privados, pero que de igual manera tienen repercusiones enormes en la sociedad, pero sobretodo, en el medio ambiente. Lo que nos lleva a la segunda gran amenaza que proporcionan las ciudades en términos ecológicos (especialmente las ciudades de densidades bajas y medias), que radica principalmente en los altos índices de contaminación que, sobretodo, perjudican la capa de ozono y tienen unas implicaciones contundentes en el actual desequilibrio del planeta. Esta condición, así mismo, reduce considerablemente la calidad de hábitat general de las ciudades, tal como se afirma en Los valores de la proximidad, en el capítulo de Ciudad (Montaner, Muxí y Falagán, 2011)[2], “Los valores que más se han de tener en cuenta son los de proximidad, es decir, que podamos realizar el máximo de actividades cotidianas en distancias recorribles a pie; que estos trayectos sean activos y que en su trazado alberguen numerosas opciones de actividades […] Algunos recorridos imprescindibles son: al transporte público, a las compras cotidianas, a la educación, al trabajo, a la sanidad, al ocio y deporte y a los equipamientos de barrio” (Pg.39). De esta manera, considerando las proximidades como pilar para un desarrollo urbano óptimo, han de replantearse los actuales parámetros de diseño, desarrollo y ordenamiento urbano hacia modelos más sostenibles. De esta manera se estaría haciendo una enorme contribución tanto a los habitantes de las ciudades como al medio ambiente.

                Por último, las grandes urbes de Colombia presentan otra gran amenaza para la biodiversidad del territorio nacional, que tiene que ver principalmente con los deshechos que se producen, pero sobretodo, a dónde van a parar. Pues en la mayoría de los casos, viajan por la red hidráulica de Colombia hasta desembocar en alguno de nuestros dos mares, principalmente en el Océano Atlántico, pues en este confluye el río más importante del país, el Río Magdalena. Siendo que los ecosistemas marinos, que en contraste con los terrestres actualmente se encuentran de alguna manera relegados, tienen una importancia enrome en el mundo, tal como lo explican Juan Armando Sánchez y Néstor E. Ardila en el capítulo Biodiversidad y ecosistemas marinos[3] (Biodiversidad, conservación y desarrollo, 2013) “En términos ecológicos, la enorme superficie del mar y los organismos microscópicos que en esta habitan, abarcando cerca de dos tercios de la superficie planetaria, son un componente fundamental para los ciclos del carbono y oxígeno” (Pg.30).

    Infortunadamente, al estar todos los elementos de la estructura hidráulica conectados por un complejo sistema de redes y ciclos, al contaminar un solo cuerpo de agua, se están perjudicando todos, sobretodo el mar, el gran recibidor. Y los desechos en las ciudades están en gran medida determinadas por la falta de optimización, especialmente en lo que concierne la construcción, pues en vez de construir en altura se construye en base, como se explicó previamente, y al no optimizar y reciclar, los deshechos urbanos de gran escala se multiplican. Finalmente, la misma expansión de las ciudades, como es el caso de Bogotá, han acabado completamente, o reducido significativamente, sus diferentes humedales, como pasó con el Humedal La Conejera, entre otros. En términos recientes, se está planteando la Avenida Longitudinal de Occidente, que implica el drenaje de cuatro diferentes humedales de la capital, y que aún son cuestionables sus aportes urbanos, sobretodo si las ciudades van encaminadas a la densificación y centralización.

                Es urgente cambiar el paradigma que actualmente impera en las ciudades en términos de crecimiento, y es evidente que hay que dirigirlas a un sistema de altas densidades, hacia el modelo de ciudad compacta, de centralidades. De densificación en altura y no en base. De optimización de las construcciones y diálogo entre los constructores. Es urgente revisar los distintos planes de regulación y planeación urbana, que actualmente avalan un modelo urbano que no es sostenible ambiental, económica y socialmente. Es necesario igualmente que por medio de la docencia, que es el músculo que más influye en la formación de la gente, generar una sensibilización y desarrollar métodos de aprendizaje más humanos, pues las cifras y las estadísticas son frías y des individualizan los problemas. Y cuando en la población por fin haya consciencia de lo que está pasando, más que por normativas y por reglas estrictas, la gente por iniciativa propia va a dejar de proponer soluciones inviables. Creo firmemente que de esta manera, aunque sea inevitable una revisión de la norma y de los planes de regulación urbana, la gente va a apropiarse más del mundo en el que vive y con esa sensibilización, va a empezar a construir ciudades densas, y dejar de depredar así de agresivamente el territorio que es de todos. Incluidos todos los animales y las plantas que los habitan. En última instancia, recuperar los paradigmas rurales, donde había tanta armonía  y equilibrio entre el sujeto y el espacio. Y entender que volver a esos orígenes de modelos de sociedad y ciudad rurales y ancestrales, no es ir en contravía de un supuesto “desarrollo” que nos han vendido, carísimo, otros países. Sino recuperar una vía viable de desarrollo que va a ser fundamental para afrontar esta nueva era.



















    Recuadro 1: Se muestra el crecimiento tanto físico como en términos de población de la ciudad de Bogotá entre 1538 y la década de 1990. Se proporcionan indicadores de densidad que dan cuenta de cómo esta variable ha cambiado relativamente poco desde la época colonial hasta el presente siglo: la población ha crecido considerablemente, pero también su espacio habitable, manteniendo los índices de densidad entre Medio y Medio-Bajo.





































    Bibliografía:

    Carlos Gabriel García Vázquez. (2004). Ciudad hojaldre: visiones urbanas del siglo XXI. Barcelona, España: Editorial Gustavo Gili.

    Ian McHarg. (2000). Proyectar con la naturaleza. Barcelona, España: Editorial Gustavo    Gili.

    Jan Gehl. (2014). Ciudades para la gente. Buenos Aires, Argentina: Infinito.

    Jeff Speck. (2012). Walkable City: How Downtown Can Save America, One Step at a      Time. Nueva York, Estados Unidos: Farrar, Straus and Giroux.

    Josep María Montaner, Zaida Muxí, David H. Falagán. (3 de junio de 2011).         Herramientas para habitar el presente. La vivienda del siglo XXI.             Barcelona,       España: Fundació Politècnica de Catalunya; Edición: Bilingual.

    Juan Armando Sánchez y Santiago Madriñán (compiladores). (2013). Biodiversidad,        conservación y desarrollo. Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Uniandes. Colección          Ciclo Básico.

    Serge Latouche. (2009). Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Barcelona, España:    Icaria.

    [1] Juan Armando Sánchez y Santiago Madriñán (compiladores). (2013). Biodiversidad, conservación y desarrollo. Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Uniandes. Colección Ciclo Básico.
    [2] Josep María Montaner, Zaida Muxí, David H. Falagán. (2011). Herramientas para habitar el presente. La vivienda del siglo XXI. Barcelona, España: Fundació Politècnica de Catalunya; Edición: Bilingual.
    [3] Juan Armando Sánchez y Santiago Madriñán (compiladores). (2013). Biodiversidad, conservación y desarrollo. Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Uniandes. Colección Ciclo Básico.